En Villamanín, en plena montaña leonesa y a pocos kilómetros del límite con Asturias, hay un restaurante en el que las expresiones «plato generoso» o «ración abundante» se quedan inevitablemente cortas. Casa Ezequiel ha convertido la desmesura gastronómica en una de sus grandes señas de identidad y en el principal motivo por el que cada semana llegan hasta esta pequeña localidad centenares de comensales dispuestos a disfrutar de una experiencia tan contundente como auténtica.
La filosofía del establecimiento resulta sencilla: cocina tradicional, producto de calidad y cantidades capaces de poner a prueba incluso a los apetitos más entrenados. Aquí no se acude para picar algo ni para terminar la comida con hambre. No hay platos, todo llega a la mesa en fuentes cargadas de embutidos, carnes, guisos y especialidades leonesas en unas proporciones que sorprenden al visitante primerizo y que los clientes habituales ya esperan con entusiasmo.

Casa Ezequiel y sus raciones gigantes
Buena parte de su fama procede precisamente de esas raciones gigantescas. La cantidad es tal que terminar todo lo servido puede convertirse en una tarea imposible. Pero en Casa Ezequiel la comida no se desperdicia. Es habitual y casi la norma que el personal prepare un táper con todo aquello que sobra para que te lo puedas llevar a casa, y tener de paso la cena resuelta. Una filosofía práctica que, además de combatir el desperdicio alimentario, forma parte de la personalidad de la casa desde hace años.

Esta abundancia no tendría el mismo sentido sin la estrecha relación del restaurante con el producto leonés. Casa Ezequiel forma parte de una empresa familiar vinculada desde hace más de siete décadas a la elaboración de embutidos y cecina, respetando técnicas tradicionales como el ahumado con leña de roble. Chorizo, salchichón, lomo, jamón, queso y, por supuesto, la cecina, forman parte del ADN gastronómico de la casa y están presentes tanto en la carta como en los productos que comercializa la firma.

La carta además es larguísima, y tiene de todo, pero lo que más se pide además de los embutidos de la casa, es el pulpo, las croquetas y los chuletones. También el cocido. Varías de las mesas pese a estar en un día calurosísimo de julio, habían pedido cocido. Hay un comedor grande en la planta baja y dos enormes en la planta de arriba.
Ver esta publicación en Instagram
Un imán para el público
El otro gran rasgo que define a Casa Ezequiel es su extraordinaria capacidad para atraer público. El restaurante registra una afluencia constante de comensales durante todo el año, especialmente los fines de semana y en periodos vacacionales. Los amplios comedores rebosan actividad, las bandejas desfilan sin descanso entre las mesas y el ambiente recuerda al de esos establecimientos que han conseguido convertirse en un auténtico destino gastronómico por méritos propios.
Aquí todo es popular, manteles de papel con el logo de Casa Ezequiel, un plato de cecina ya puesto en la mesa junto con el agua, la Casera y la cesta de pan, bullicio y camareros a toda velocidad atendiendo a los comensales. Nos dijeron que dan de comer a unas 2.000 personas en el servicio de comida, que dobla el turno.
Casa Ezequiel, está ubicado al lado de una carretera y con un parking enorme enfrente. No es un sitio especialmente atractivo. Tiene una gran terraza a la entrada donde también se puede comer o tomar el aperitivo.
La Tienda de Casa Ezequiel
Para entender completamente el fenómeno hay que visitar también la tienda situada en la planta baja del edificio. Allí se encuentra una tienda que tiene un poco de todo. Productos leoneses, quesos extremeños, dulces de distintas regiones, conservas, con el foco puesto en los propios embutidos de la casa, la reconocida Embutidos Ezequiel. Una parada obligatoria después de comer y antes de abandonar Villamanín en plena montaña leonesa. Muchos clientes bajan después de comer para adquirir los mismos productos que acaban de degustar en la mesa. Las vitrinas reúnen una amplia selección de embutidos, cecinas y otros productos tradicionales, convirtiendo el restaurante en el mejor escaparate posible de la producción familiar.

Casa Ezequiel no pretende ser un restaurante íntimo ni de cocina minimalista. Su éxito reside precisamente en lo contrario: hospitalidad, cocina tradicional, producto de calidad, raciones descomunales y un ambiente muy animado. En Villamanín, la generosidad no es un detalle del servicio: es la verdadera esencia de la casa.

CASA EZEQUIEL VILLAMANÍN




